Chiapas, tierra de cacao: del metate a la jícara
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Por: La Trigueña Septiembre 02, 2026
¿Sabías que una de las historias más antiguas del cacao en México comienza en Chiapas?
Mucho antes de convertirse en chocolate, el cacao ya formaba parte de la alimentación, el comercio y las ceremonias de los pueblos mesoamericanos. En Chiapas, su historia continúa viva en los cacaotales del Soconusco y en bebidas tradicionales como el chocolate de agua, el pozol y el tascalate.
Una semilla con historia
El cacao proviene del fruto del árbol Theobroma cacao, nombre que significa “alimento de los dioses”. Sus semillas se fermentan, secan, tuestan y muelen para obtener la pasta con la que se elaboran distintos tipos de chocolate.
En Chiapas se han encontrado vestigios de su uso que datan aproximadamente de 1900 a. C. Para los pueblos mesoamericanos, sus granos no eran solo alimento: también se utilizaban como medio de intercambio y estaban presentes en ofrendas, celebraciones y rituales.
El Soconusco, corazón cacaotero
El clima cálido y húmedo del Soconusco convirtió a esta región chiapaneca en una de las zonas productoras de cacao más valiosas de Mesoamérica. Su importancia fue tal que, a finales del siglo XV, los mexicas conquistaron la costa de Chiapas y exigieron cacao como tributo.
Siglos después, el prestigio del cacao del Soconusco llegó hasta Europa: documentos del siglo XVIII indican que era enviado a España para el consumo de la familia real. Actualmente, Chiapas mantiene esta herencia y ocupa el segundo lugar nacional en producción de cacao, después de Tabasco.
Del metate a la jícara
La preparación tradicional comienza al tostar y moler las semillas en metate, muchas veces con azúcar y canela, hasta formar una pasta aromática. De ella nacen bebidas muy representativas de Chiapas:
- Chocolate de agua: se bate en agua caliente hasta formar una capa de espuma.
- Pozol de cacao: combina masa de maíz nixtamalizado con cacao tostado y se toma frío.
- Tascalate: mezcla maíz tostado, cacao, canela, achiote y azúcar; puede prepararse con agua o leche.
¿Otro dato curioso? Las pequeñas flores del cacao nacen directamente del tronco y son polinizadas principalmente por diminutos insectos llamados jejenes. Solo una pequeña parte consigue convertirse en fruto.
Un sabor que cuenta de dónde venimos
El cacao, al igual que el maíz, demuestra que un ingrediente cotidiano puede guardar siglos de memoria. Cada vez que se muele en metate o se comparte en una jícara, también se conservan los conocimientos y sabores transmitidos entre generaciones.
En La Trigueña nos inspira todo lo que nace y se transforma en nuestra tierra. Como marca chiapaneca, celebramos al cacao y a quienes mantienen viva su historia, porque compartir los sabores de Chiapas también es compartir una parte de lo que somos.
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